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Épocas de crisis, épocas de cambios

Épocas de crisis, épocas de cambios

2019-09-11 10:41:07

A veces, en la vida de algunas personas, hay un punto de inflexión. Un cambio que aunque no lo advirtamos, se está produciendo y, que normalmente, no es fácil de descubrir o adivinar. Esto es lo que me ocurrió a mi. La historia de Fernando Rutia.

Por aquel entonces era un empresario de la música y las cosas me iban muy bien, pero quería más. Probé entonces en otros negocios, que realmente no eran para mi, o por lo menos no supe llevarlos a cabo correctamente, lo que me trajo sinsabores inesperados. Estaba entrando en crisis y todavía no era consciente.

 

La crisis: en caída libre

A la crisis económica que empezaba a arrastrar, se unieron sucesos personales con personas queridas que hicieron que mi mundo se viniese abajo definitivamente. La crisis se estaba agravando y yo ya la vivía en toda su intensidad. Era consciente, pero no tenía una perspectiva clara de cómo salir.

En un momento dado surgió la opción del cambio y la cogí al vuelo. Un amigo con el que me había involucrado en todos esos negocios, me invitó a ir a vivir a su casa en una finca cercana a Barcelona y rescatarme del mal momento. Requería por mi parte despedirme de Madrid y hacer mi tercera mudanza por el país: Zaragoza (nacimiento), Menorca (desarrollo), Madrid (madurez) y Barcelona (reinvención).

Recogí todas mis cosas y me fui de nuevo a la aventura. Eran finales de 2012. Mi amigo quería hacer una reforma en la casa y aunque yo no tenía experiencia en hacer trabajos de esta índole, podría compensar mis gastos a cambio de ayuda como peón. En este momento sin darme cuenta comenzaba mi labor de voluntario, algo que posteriormente sería vital para poder sobrevivir en mi nuevo proyecto de vida.

 

 

 

En Barcelona, después de una nueva crisis por un malentendido con mi amigo y volviendo a ver muchas nubes en mi futuro, tomé la decisión de dar un giro completo y cambiar el enfoque de mi vida radicalmente. Esta vez sería para poner en marcha un viejo sueño dormido, pero latente: viajar como nómada. Aunque amplié la idea original de hacerlo por Europa y me propuse conocer el mundo.

 

El cambio: reinventando mi vida

Lo primero que hice fue descargar esa mochila psicológica que me bloqueaba. No fue fácil, pasaron varios meses hasta que empecé a ver una luz al final del túnel, pero lo conseguí y aligeré el archivo mental, dejando espacio para nuevas experiencias.

Por otro lado, tenía la mochila física que cargaba llena de cosas acumuladas durante mi tiempo de vacas gordas. Una mochila tan grande como el camión que me ayudó a transportarlas en mi mudanza. Cosas que ya no necesitaba y que eran una preocupación y dinero apalancado. Así que vendería todo lo que pudiese y con ello juntaría lo posible para comenzar el viaje. Evidentemente no logré obtener todo lo necesario para un proyecto de esta índole, pero esto no me frenaría en mi propósito.

 

 

De hecho investigando como salir adelante sin gastar muchos recursos propios, descubrí los voluntariados por el mundo, que con la experiencia adquirida en los últimos meses y otras habilidades anteriores, que además seguro podría ampliar durante el viaje, el horizonte que se me abría era muy alentador. Mi pensamiento era que tenía mucho que ganar arriesgándome y poco que perder, por muy mal que fuese la cosa, que lo intuía difícil.

 

El proyecto: La Vuelta al Mundo Sin Prisas

Ya habían pasado 4 meses desde que había tomado la decisión de hacer el viaje. En agosto 2013 comenzó la idea a rondarme la cabeza y en diciembre ya tenía clara la dirección que tomar: iría hacía el este y dividiría el viaje en 4 etapas, dedicando a cada una de ellas dos años y medio. Tratando de visitar tantos lugares como fuese posible con mi mínimo presupuesto. Iría por tierra y mar, usando los aviones cuando no hubiese otra opción. Quería saborear el viaje en toda su esencia, cruzando las fronteras terrestres y viviendo la aventura. Y buscándome la vida haciendo lo que fuese. Si no lo sabía, tocaba aprender y esto marcó de alguna forma la filosofía del viaje hasta convertirse en su eslogan: una aventura para conocer y aprender del mundo, por el mundo. 

El compañero de viaje

Durante la investigación para la preparación del viaje decidí buscar alguien con un propósito parecido al mío, y mientras escribía mi idea de viaje se me ocurrió el nombre: La Vuelta al Mundo Sin Prisas. Encontré a esa persona, con la coincidencia de que era de Zaragoza y que mi intención era salir desde allí. Esto facilitaba mucho las cosas organizativas y aunque no teníamos mucho en común, merecía la pena probar hacer el viaje acompañado. Le presenté mi proyecto, lo aceptó y seguimos con ello.

 

Los preparativos no paraban, sin embargo no me decidía por una fecha de salida. Creo que el respeto a lo desconocido estaba retrasando la decisión. Hasta que apareció ese compañero de viaje y a finales de año, entre ambos, acordamos comenzar el 15 de marzo de 2014. Comenzaba la cuenta atrás y los preparativos realizados con tanto mimo se iban a poner en práctica. Teníamos 3 meses para asegurarnos de ello.

Contar mi viaje y ayudar a otros

Otra de las cosas que decidí buscando información fue la de crear un blog. Pensé, que ya que otros viajeros me ayudaron con mi preparación a través de sus escritos, yo podría servir a otros con los míos. Hoy puedo decir que varios me han escrito diciéndome que les serví de inspiración. Algunos han puesto su viaje ya en marcha y otros todavía están pensándoselo o consiguiendo los recursos. El blog y hoy en día también web se llama lavueltaalmundosinprisas.net

Ahora ya son más de cinco años de viaje –la mayoría en solitario-, 47 países, más de 145.000 Km y 47 voluntariados. Y también incluyo que me satisface haber conseguido un apoyo necesario y que como el viaje, fluyo desde el primer momento: Me hicieron embajador de Izas Outdoor. Y yo estoy encantado por muchas razones.

En los próximos capítulos contaré los comienzos del viaje y como se ha ido desarrollando hasta ahora. Hasta entonces y como siempre…

¡Pura Vida!